27 oct. 2001

I. ...Distorsionan sus propias enseñanzas...

I. ...Distorsionan sus propias enseñanzas...  

Generalmente los domingos cuando salgo a caminar en las noches y obligadamente paso por una iglesia de mi barrio, suelo ser espectador de un rito que siempre causó curiosidad en mí, pues no tenía idea de sus orígenes, ni de la forma como se instituyó, y que, en la actualidad, a mi entender, es solo el simbolismo de una costumbre de la cual se ha olvidado su finalidad. La Misa es un ritual católico, que se diferencia de otros tipos de celebraciones o ceremonias cristianas, en que su finalidad consiste en otorgar a los presentes el sacramento (instituido, dicen ellos, por Jesús “el cristo”, es decir el ungido) de La Eucaristía. Este sacramento, bastante simbólico y especial, consiste básicamente en repartir en los creyentes una ostia (o pan consagrado) y vino en un cáliz. Estos representarían el cuerpo y sangre de Jesús. El punto es... ¿Por qué es tan importante para este rito la celebración de este sacramento? ¿Qué de especial tienen el cuerpo y sangre del Señor? Dice la Iglesia Católica que Jesús ordenó la institución de este sacramento al decir “Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía” (ver el Evangelio de Lucas cap. 22, vers. 19), y que cada vez que se celebra misa, Jesús es sacrificado, aunque sostienen que en realidad no muere, y que el sacrificio es incruento, a diferencia del sacrificio en el Gólgota, que fue cruento. 


La Misa es, en esencia, la renovación del sacrificio en el Calvario, la inmolación incruenta del cuerpo y sangre de Cristo. Pero es muy diferente celebrar un acontecimiento, que volver a repetir la ceremonia. Y según la misma Biblia (ver Hebreos cap. 9, vers. 25-26), Cristo no tuvo que “ofrecerse a sí mismo repetidas veces [...]. Sino que se ha manifestado [...] mediante su sacrificio”. Es decir el libro en el que ellos basan sus enseñanzas, contradice sus acciones. 


Ya The Catholic Encyclopedia (edición de 1913) dice: “La fuente principal de nuestra doctrina [...] es la tradición, que desde antaño afirma el valor impetratorio del Sacrificio de la Misa”. Es decir, a modo de conclusión: la Misa católica se basa sobretodo en una tradición cuyo fin principal y original, no fue el de celebrar el sacrificio de su redentor, sino el de instituir un sacramento en el cual el creyente se sintiera obligado a repetir, siendo presionado a seguir formando parte de su nutrida congregación. Como verán, un juego sucio que tuvo muy buenos resultados. Muy buenos ($$$).